La verdad no se puede maquillar. Apenas se asumió el nuevo proceso administrativo encabezado por el Presidente Harry Robledo, la consigna siempre fue una sola: ser campeón y ascender. Una postura que refrendó el gerente deportivo, Mauricio Pozo a su llegada a Calama y que luego también asumió el entrenador, Cesar Bravo. Desde principios de año, los objetivos estaban delineados. Y con Cobreloa sentenciado a jugar una temporada más en Primera B, esa premisa no se cumplió.
Aparecerán excusas y quizás, algunas son hasta válidas. Que se compitió hasta el final y de no ser por ese remate en el vertical de Gustavo Gotti, el objetivo se cumplía a medias –era en liguilla- y que enmendó un inicio de torneo bastante flojo en los rendimientos y expectativas para pelear hasta la última instancia. Pero a la hora de asumir el detalle de la campaña, hay errores que perfectamente se pudieron evitar en caso de que el trabajo se hubiese hecho mejor.
El primer mito que se cae a pedazos es ese de que “con poco se hizo mucho”. Cobreloa estuvo entre las tres planillas mejor pagadas de la categoría y seis de los jugadores que comenzaron jugando en la titularidad a principios de 2025 terminaron la temporada viendo los partidos por televisión, desde la gradería o la banca. En ese primer esbozo de base titular de los mineros estaban Bastián Tapia, Ed Verhoveen, Hugo Rojo, Diego Acevedo, Leandro Barrera y Rafael Arace, este último como gran fichaje anunciado. Ninguno terminó jugando la liguilla final por el segundo ascenso.
Lo de la mala conformación del plantel es una verdad que surge por sí sola. Futbolistas que fueron apuesta de la gerencia deportiva como Gabriel Rojas nunca se consolidaron y durante el año hubo que echar mano a nuevos recursos para tapar los “forados” de rendimiento. Aldrix Jara, Gastón Heredia, Ronald Guzmán, Branco Provoste, Walter Ponce, César Huanca y Byron Bustamante llegaron con el torneo corriendo y algunos, como el ex Limache terminaron siendo baluartes para levantar a un equipo que andaba a los tumbos y que al menos en tres momentos del año tuvo al proceso de Bravo y Pozo tambaleando entre el despido y la resistencia.
Cobreloa tuvo a cerca de 40 jugadores en su plantilla y después de la final ante Deportes Concepción quedó claro que hubo puestos claves que no se contrataron, pese a contar con los recursos económicos. Nunca hubo relevo efectivo para Hugo Araya, Bastián Tapia o Gustavo Gotti. Tampoco se consolidó a un lateral izquierdo que diera garantías pese a tener tres en el plantel. Sin Rodolfo González, el equipo careció de líderes y a la hora de destacar la proyección de figuras jóvenes, sólo emergió Yastin Navarro quien tuvo pocas oportunidades de mostrar su nivel.
Futuro
Pensando en 2026, con más recursos en la caja chica luego de que el directorio “limpió” algunos compromisos pendientes, la apuesta de un grande sólo puede pasar por ascender directo, incluso sabiendo que la categoría de plata del fútbol chileno será más competitiva con el ingreso de Unión Española y Deportes Iquique a una división donde ya existen Santiago Wanderers, Rangers, Deportes Temuco, Deportes Copiapó, Antofagasta o San Luis, equipos con buen respaldo económico que siempre gastan en el mercado de pases.
Y allí es donde surge la duda, porque a sabiendas que Cobreloa es un club donde la interna de un club grande instalado en un entorno chico –donde corren los rumores, las filtraciones, los choques de ego y los tratos informales-, los entrenadores suelen irse por esa base frágil para poder trabajar. Entonces, el nombre de César Bravo aparece como una apuesta segura para encabezar el proyecto del próximo año porque “conoce cómo se trabaja”. Pero hay un sector de la hinchada que quiere cambiar de rumbo.
Su rendimiento en números dice que obtuvo un 55% de rendimiento en el torneo, con 68,8% en casa y 42.2% en calidad de visitante. En liguilla jugó seis partidos, con sólo el 33.3% de rendimiento, ganando un partido, empatando tres y perdiendo dos. A eso se suma el criterio de “forma de juego”, que habla de un equipo principalmente volcado a labores ofensivas. Los números no mienten, ya que tuvo a la delantera más efectiva del año en la B, con 55 goles anotados entre torneo oficial y playoffs. Por contrapartida –y cuyo corolario fue la final perdida ante “Los Lilas”- los loínos convivieron todo el año con un pésimo rendimiento defensivo, siendo el equipo más goleado de la B. En total, les anotaron 53 goles entre torneo oficial y post temporada.
César Bravo finalizó su vínculo con “los Zorros” tras el juego del domingo en Calama y a Mauricio Pozo le queda aún un año más de vínculo con el club. ¿Deben seguir o se debe renovar el proceso? Es una pregunta donde los hinchas siempre tienen algo que decir…





