En actual plantel, Nicolás Palma –que cumplió 100 partidos ante Copiapó el pasado fin de semana- y el golero Hugo Araya son dos de los casos que irrumpieron desde las filas capitalinas de Cobreloa para hacer la última parte del proceso de inferiores en Calama, quedándose a cumplir los sueños del profesionalismo en el primer equipo de Cobreloa.
Otros del equipo 2025, como Sebastián Zúñiga y el capitán Rodolfo González también comenzaron en las series capitalinas para ganarse un nombre en la denominada “mejor cantera de Chile” en el norte.
Como ellos, otros nombres como el de Charles Aránguiz, Eduardo Vargas, Jorge Espejo, Ignacio Jara, Pablo Brito, Marcelo Allende e incluso Esteban Pavez y Nicolás Guerra –identificados con Colo Colo y Universidad de Chile- hicieron sus primeros pasos en las filas santiaguinas del club, desde donde transitaron diferentes caminos para encontrar su rumbo en el fútbol de alta competencia. Todos, en su momento, con menos o más adn cobreloíno corriendo por sus venas salieron desde ese proyecto a 1500 kilómetros de distancia del Calama.
Desde hace cuatro décadas, la simbiosis entre las fuerzas de proyección en Calama y Santiago trabajaron a la par, retroalimentándose de talentos para nutrir el sueño del club en su sede en medio del desierto. Deambulando por diferentes comunas, con convenios pobres de colaboración para tener dónde entrenar y casi siempre con el apoyo de padres que financiaron desde el bolsillo y los consejos ese sueño de niños que querían llegar a jugar por el “cuarto grande”, que esperaron algún día pisar el pasto del estadio municipal loíno con ese huracán de voces naranjas alentando incansablemente desde el minuto 1.
Esa fantasía alimentada en canchas precarias desde la niñez se mantiene hasta ahora, con premuras y angustias. Sobrevivió a intentos de venta –o concesión- de parte de dirigentes en Calama, como en el año 2016, cuando el ex presidente Gerardo Mella estuvo a punto de cerrar entre pasillos una cesión de los derechos formativos a privados, intento que se cayó ante la publicación de un diario de Calama que frenó las tratativas ante el alza de voz de los hinchas y socios en el norte. Pero una década después, a poco de que la institución celebre 50 años podría tener un final abrupto.
La desesperación de los apoderados
Uno de los padres de jugadores de la serie sub 15 –que se desarrolla en la capital junto a la sub 16, antes de que algunos futbolistas sean seleccionados para partir a Calama a terminar el proceso de cadetes- hace una dura denuncia. “Ya nos informaron que por una instrucción de la ANFP, los clubes deben tener todas sus series competitivas en la ciudad donde residen. Es decir, Cobreloa debería tener la sub 15, 16, 18 y 20 en Calama desde el próximo año, lo que dejaría a cerca de 250 niños en el aire, sin la posibilidad de poder continuar con su proceso formativo”.
En rigor, la encrucijada a la que se enfrenta la actual administración del club liderada por su Presidente, Harry Robledo obedece a que desde Quilín insisten en reducir los gastos de realización de torneos cadetes –los que financian en cuanto a viajes y estadía- estableciendo un modelo de torneos por cercanía territorial. Es decir, Cobreloa deberá determinar si desde 2026 compite con todas sus series en Calama o en Santiago, algo que deja exento a las categorías sub 11, 12, 13 y 14 ya que su papel es netamente recreativo y no están insertos en competencias oficiales de la ANFP.
Allí es donde nace la incertidumbre. “Nosotros nos hacemos cargo de todo, de pagarles traslados a nuestros hijos para entrenar, nos hacemos cargo de la comida, de pagar muchas veces los uniformes y lo hacemos porque queremos que ellos cumplan su sueño. Durante muchos años nos hemos visto enfrentados a la problemática de que llegado el momento en que den el salto a Calama en la sub 17, los elegidos son porque los conocen los entrenadores y los chicos quedan sin club. Pero si Cobreloa decide trasladar a todas sus series a Calama, entonces nos será imposible costear esos gastos para que vivan allá, sin contar que muchos no van a querer irse sin un respaldo del club que no sabemos si va a instalar otras casas de cadetes, porque hasta ahora sólo se hacen cargo de pagarle a los entrenadores con meses de retraso en muchos casos. Es una angustia el no saber qué va a pasar”, dice este apoderado que no da su nombre porque prefiere mantener el anonimato y no tener que lidiar con esas viejas prácticas de perder la cesión de un pase por mera revancha.
Lo que viene para el futuro
Efectivamente, la decisión de la directiva implica riesgos que son difíciles de saldar en un primer año con cuatro series en Calama. Primero, la capacidad de albergar a cerca de 100 jóvenes con aspiraciones de llegar al primer equipo no se ve por dónde. Menos, la disposición de canchas de entrenamiento en la capital de El Loa donde estas cuatro series puedan ejercer localía, sin siquiera tomar en cuenta el tema de la competitividad deportiva. Porque jugar sólo contra equipos del norte en fase regular implica una baja en el nivel de desafíos y ante eso, la mirada de la ANFP es tan economista como condenable.
Si se suma el factor de “predilección” –son claros los ejemplos de Jorge Espejo y Nicolás Palma, quienes no fueron seleccionados en su momento y se quedaron en Calama por esfuerzo de sus padres que pagaron alojamientos más el incentivo permanente de ex formadores del club como Rafael Celedón que los empujaron a no desmotivarse- donde muchas veces se elige por gusto personal. No es desconocido el hecho que el caso de “La Manada de Cobreloa”, tristemente patrocinado por ex dirigentes nace desde la denuncia de una apoderada que no aceptó que su hijo no pasara el proceso de selección en la fase definitiva la llevó a poner el tema en estamentos mayores desatando la controversia que le costó auspicios e imagen a la institución. Un asunto que nunca tuvo solución pese a que era vox populi en el Centro de Entrenamiento loíno…
Hoy, la situación es desoladora. A través de redes sociales, el grupo de padres hizo correr un llamado urgente. “No dejemos que se apague la ilusión de nuestros cadetes, exigimos que se respete el sacrificio de los jugadores y familias que han dejado todo por la camiseta naranja. #FuerzaCadetes #CobreloaEsDeTodos”, afirma el comunicado.
Mientras, desde el club afirman que no es una determinación que les hubiese gustado tomar, pero que en el caso de las series competitivas, sólo tienen uno de los dos caminos a seguir y que entienden que la mejor forma de mantener un control del destino del área formativa de Cobreloa es tenerlos a todos en Calama, donde el proceso sea visto y evaluado desde cerca.







